The Roosters: hardcore y piñón fijo

The Roosters: hardcore y piñón fijo

En mayo The Roosters cruzaron Japón equipados solo con sus bicis y una mochila. De la experiencia ha surgido un documental. Hablamos con James, uno de los miembros del equipo sobre el periplo.

Cuéntanos, para los que no tenemos ni idea, ¿cómo va esto de las Crews de bicis? Porque estáis The Roosters, Burning Asfalto
El tema del piñón fijo lleva toda la vida, bicis de pista lleva habiendo desde que empezó la bici pero en los 90 los mensajeros en EEUU y también en Japón empezaron una cultura urbana de bici de piñón fijo.
La historia surgió dentro del rollo mensajero pero luego los chavales de la calle lo convirtieron casi en una contracultura, chavales que en su mayoría venían del patín, en Gijón por ejemplo todos los chavales habían sido skaters.
Para algunos serán una moda (la típica fixie de colorines), pero para otros será una forma de vida (pedalear rápido por la calle y juntarte con peña en plazas). Pero podría decir que cada vez está menos de moda, y por mi mejor, más bicis baratas de segunda mano.

¿Qué es ser mensajero? ¿Se puede ser profesional de esto?
Los mensajeros son gente que reparte en bici, pero no por repartir en bici eres bici-mensajero, esto implica muchas más cosas, tiene que ser una persona que disfruta con su curro, y cuando está en su tiempo libre sigue haciéndolo, se reúnen en plazas para tomar algo… Tiene esa parte de contracultura, que el piñón fijo ha adoptado.
Para mi profesional es cuando puedes pagar tus facturas con algo, nosotros estamos muy lejos de eso y creo que tampoco querríamos vivir de ello. Aunque es verdad que a día de hoy tenemos grandes apoyos, que hemos peleado mucho (de hecho si hubiéramos invertido esas horas en trabajar posiblemente hubiéramos ganado más dinero) pero nos paguen o no vamos a seguir haciéndolo.

¿Quiénes forman The Roosters?
Somos 5 + 1: Delvis (el negro), Nacho Tapia (que fue quien inició todo porque quería irse a ver a su novia a Burdeos, que es mensajero y es el que está más metido en el rollo aquí en Madrid), Carlos Ja (que es el hombre sensato), Mario Cranks que es uno de los tíos más conocidos incluso a nivel internacional en todo esto del piñón fijo como filmaker y yo, que soy el que acaba pinchando a todos para hacer cosas.

¿Cómo surge The Roosters y cómo llegáis a iros a Japón ya incluso con patrocinadores?Surge hace 2 años tomando una birra, me encuentro con unos chavales y uno me cuenta que se quiere ir a Burdeos a ver a su novia en bici. Me gustó el reto y me fui con ellos. Desde ahí nos moló y decidimos hacer un Madrid-Barcelona, un Madrid-Oporto, un Madrid-Valencia…y vimos que de repente la cosa se venía arriba, que ya llevábamos 2 años, que tampoco hay mucha gente que haga este rollo, y dije -hay que hacer algo más grande, vámonos a Japón.-

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¿Cómo se gesta el proyecto de Japón?
Lo de Japón empezó como una idea de hacer algo grande, algo un poco locura por nuestra cuenta, pero resultó que empezaron a interesarse algunos patrocinadores y ahí surgió la oportunidad de tener el apoyo de algunas marcas; aunque hemos tratado de hacerlo de la manera más ética posible.
Las bicis por ejemplo nos las hace Andrés Arregui Velazquez que es un fulano que tiene un taller y que comparte con nosotros ese espíritu. De ropa han sido marcas pequeñas hechas por ellos mismos. Excepto Oakley, que sí que es una gran marca, que nos ha brindado la oportunidad de llevar las mismas gafas que algunos de nuestros ídolos.

Ya en el viaje a Oporto nos dimos cuenta que donde más pasta se nos iba era en comida, pero sobretodo en alojamiento, porque aunque sea un hostalucho somos 5 y mínimo 100 pavos al día te gastas, y en Japón fueron 22 días, así que contactamos con mensajeros de allí para poder dormir en sus casas, sobretodo en las grandes ciudades, y el resto, como en Oporto, dormir en la calle. Pero claro, cómo podíamos hacer para dormir en la calle y que puedas descansar pero sin llevar una tienda en la mochila (nosotros vamos solo con mochila), pues con una hamaca entre dos árboles, sacos de dormir, y ponchos del ejército, que es la gran clave por si te llueve. Y si llueve a saco no queda otra que meterse en campos de baseball, bajo las gradas, o como un día que nos tuvimos que meter en los vestuarios. No es como a mi padre le gustaría que viajara su hijo pero es la única forma de hacerlo y al final lo importante es poder hacer las cosas que te molan.

Cuéntanos, una vez allí, ¿cómo fue el viaje? ¿Cómo hicisteis para transportar las bicis, qué dificultades os encontrasteis, cuáles serían las anécdotas más destacables?
El viaje empieza aquí, con todos los preparativos. Hicimos una fiesta en “La bicicleta” para recaudar fondos.
El 2 de mayo nos fuimos. Desmontamos las bicis para poder meterlas en cajas y facturarlas y el resto como equipaje de mano para no andar pagando. Nos la jugamos en la bodega, porque aunque las aseguramos, una bici así, tan específica, como te la revienten luego estás muy jodido para arreglarla, por mucho que te paguen, que no es tanto.
Fueron 24 horas de viaje, llegamos con un Jet Lag bastante importante a Tokio y escribimos a Juan Pei (el nombre real no es este, pero nosotros nos íbamos inventando nombres que pudiéramos recordar, a lo que nos sonaba el suyo) que nos estaba esperando en Shibuya.
Fuimos nosotros 5 y Aitor que fue quien se encargó de grabarlo todo para el documental, Lino que vino de fotógrafo y Miguel Gatoó, que es un pro de esto (ahora mismo está recorriendo África con su chica en bici), que vino como conductor. Nosotros normalmente vamos sin apoyo, pero en este caso, para poder grabar el docu era necesario que fuera un coche con el cámara y el fotógrafo, con el que no podíamos interactuar ni dejar nada dentro.
Al llegar allí montamos las bicis en medio de la calle y estuvimos 3 días de la ostia con los mensajeros de allí que nos metieron de lleno en su vida, nos alojaron en sus casas, nos llevaron a las tiendas donde paran, a los talleres, a los garitos… Y desde allí nos fuimos al Norte, a Nigata y flipamos con el cambio, porque de Tokio a esto… era como un pueblo normando pero a la japonesa. Estaba atestado de mapaches, bueno allí se llaman perros-mapache, como animal no tiene nada que ver pero físicamente son iguales. ¡Y de cuervos! que no veáis que hijoputas, ¡uno nos robó la comida!!, que se comió la mitad de un paquete de café (a saber luego cómo estaría).

Luego en las afueras de Kyoto nos pasó una cosa muy graciosa. En Japón está prohibido no llevar frenos. Nosotros llevamos el freno motor de atrás pero ya está, y un día nos para la policía, que parecía “La Hormiga Atómica”, un tío chiquitín que nos llegaría por el pecho con un casco lleno de cámaras, linterna…todo lo que quepa en un casco lo llevan puesto. Y ahí nos vemos parados por 5 policías de un pueblo japonés cerca de Kioto. Uno medio hablaba inglés y empieza a explicarnos que no podíamos circular sin frenos. A todo esto, Nacho Tapia, uno de los Roosters, era el hombre más feliz del mundo en Japón y no paraba de hacerse selfies, hacer fotos a movidas…así que mientras la poli nos echaba la charla él venga a hacerse selfies con la policía (y la policía flipaba), le daba el pasaporte al policía y hacía una foto de cómo se lo daba… Y estamos allí, temiéndonos lo peor (era un multón por cabeza que no podíamos pagar, y encima si no puedes pagar te meten en el calabozo hasta que pagues) y de pronto aparece el coche con Miguel Gato, el hombre que parece “el último superviviente“, y se baja con su camisa guayabera, sus pantalones cortos de Coronel Tapioca, sus Ray Ban, que parecía un entrenador de fútbol de Orange County y suelta “I am the team manager”. Y empieza a soltarle al madero -pero cómo, ¿que no conoces a los Roosters?, pero si son very famous in Spain. Jaime Aukerman ha corrido varias etapas del tour de Francia, Mario Cranks director súper famoso de cine ciclista…pero ¿cómo no los conoces si esta gente sale todos los días en la prensa española?, son como el Leo Messi del piñón fijo español- y claro, el policía no daba crédito. Y Miguel diciéndole -madre mía los Roosters detenidos en Japón, la que se va a liar, conflicto diplomático. Ahora habrá que llamar a la Federación, a la Embajada..- Y los pobres polis, acojonados. Así que ya les dice -mira, vamos a hacer una cosa, yo me llevo a mis chicos, los meto en un tren para que se vayan a Kyoto, y allí, yo me voy a encargar de que cada uno lleve sus frenos reglamentarios por respeto a la ley y a la tradición japonesa (no porque los necesiten) y podremos seguir el viaje”. Los pobres no entendían nada y lo único que hacían era con las manos en la cabeza decirnos -nonononono- Parecía que la cabeza fuera a empezar a darles vueltas y explotar. Eran muy graciosos. Tanto “nononono”, pero al final accedieron.

¡Pero este hombre es un crack!!!!
Sí que lo es, con él no vas a pasar hambre ni frío en tu vida. Entre él y Lino llegaban en los Alpes, se adelantaban con el coche a los sitios y decían “very low budget” y luego decían “documental para TVE, os ponemos el nombre del sitio, esto va a salir en la prensa internacional”… y al final entre los dos, Miguel conseguía bajar el precio y Lino conseguía que nos incluyera desayuno, baño japonés…

De allí empezamos a bajar hacia los Alpes japoneses y era como una peli, petado de arrozales, con la sierra por un lado…Nos cagamos con los desniveles, ahí empezó a ponerse dura de verdad la cosa para el pedaleo. Es la zona donde está inspirada “Mi vecino Totoro”. Nos pilló la lluvia, y yo que soy de Asturias no había visto llover así en mi vida, rollo chaparrón gordo a saco, pero 3 horitas, y todo embarrado, todo lo que llevábamos en las mochilas mojado, con frío…La verdad que ahí las pasamos bastante putas. Porque los viajes de The Roosters a nivel pedaleo no son duros, cualquiera que ande normalmente en bici se los hace, lo realmente jodido son las condiciones: dormir en la calle, la precariedad de la comida… y sobre todo la cabeza.

The Roosters tras el chaparrón

The Roosters tras el chaparrón

Nos marcamos etapas y hay que respetarlas y cumplirlas al día, porque si no acumulas kilómetros y te puedes encontrar el último día que no llegas al vuelo.
En los Alpes tuvimos que pillar alojamiento, incluso hicimos un llamamiento por redes sociales pero nadie conocía, es como si aquí preguntas a la gente para poder alojarte en Patones.
Fuimos a los baños japoneses, que pensábamos que no nos iban a dejar entrar (por el hecho de ir tatuados, allí solo van tatuados los de la Yakuza). En algunas ciudades sí te dejan, pero en los pueblos no, de hecho hay baños para Yakuzas y la gente tatuada tiene que ir con los Yakuza, que yo paso. El caso que como estábamos solos en el hostel nos dejaron y molaba muchísimo porque parecía que en cualquier momento iba a entrar un samurai.

Bajamos hasta Kioto, que es la polla, es la ciudad imperial y de lo poco que quedó después de los bombardeos de la II Guerra Mundial. Es precioso pero muy impactante porque ves a las geishas, y a los Yakuza con sus kimonos y los tatuajes que parecían malos de una peli de Kitano… Estos se fueron a ver el bosque y no sé qué más, pero yo estaba harto de ver mil templos y me quedé tomando una cervecita junto al río y observando a la gente de allí.
De allí saltamos a Osaka, que es “Blade Runner”, llegas y de repente tienes 3 niveles de autopista por encima de la ciudad. Con mil luminosos… Fue divertido porque allí además conocimos a la gente de Macaframa que para los que no controlen del tema es una crew de San Francisco, de las primeras que empezó a hacer piñón fijo en plan macarra y los tíos son el equivalente al piñón fijo lo que Black Flag al hardcore.
Hicieron un evento, nosotros estábamos echando una lata fuera, se bajan del taxi, nos ven, se presentan y nos dicen -qué pasa tíos, venios a tomar algo- y fue genial. Los tíos majísimos. Perdonad que compare tanto el piñón con el hardcore, pero es que el rollo es muy parecido. Tú idolatras durante años a una persona y de repente la ves y son súper sencillos. Estos de Macaframa estaban flipando con lo que estábamos haciendo nosotros.

Osaka

Osaka

The Roosters con Macaframa

The Roosters con Macaframa

De Osaka fuimos a Nara, y ahí viene una de los mejores días de mi vida. Salimos por la mañana y pasamos por un velódromo de Keirin. El Keirin es un deporte que solo se practica en Japón como con bicicletas y componentes NJS que solo se hacen allí, todo muy artesanal, los tíos van como rollo samurai y es ciclismo de pista pero con contacto (se meten codazos, patadas..). Y hay todo un ritual con oraciones a la bici…Van desde niños a las escuelas Keirin… Así que fuimos por la mañana a ver la carrera porque somos muy muy fan, pero no había carrera y nos camelamos a los tipos de allí para que al menos nos dejasen ver el entrenamiento pero nos echaron porque es un deporte hecho para apuestas y hay mucho secretísmo. Así que salimos y estamos fuera planeando cómo vamos a llegar a Nara y nos ve el entrenador que nos había echado y nos pregunta qué hacemos ahí. Le contamos la movida y el tío llama a su colega, porque allí son peña con el sentido del honor a saco. Y el colega nos trajo muñequitos de corredores de Keirin súper guapos y estuvimos charlando hasta que acabó el entrenamiento. Así que preguntamos si podíamos entrar entonces y nos dijeron que sí, nos enseñaron los vestuarios con sus tatamis, los corredores allí sentados (eso sí echando pitis como animales), los cuadros de las bicis que son como reliquias… y estaban entrenando unas chicas, súper majas, con alguna todavía tenemos relación… Y viendo que estaban cómodos y que habíamos pillado confianza les preguntamos si podíamos pisar la pista rollo para hacernos una foto, y va el tío y nos dice que sí y que podíamos ir rodando. Y así fue. Entramos y dimos un par de vueltas con ellos, y luego nos contaron que allí es muy jodido para un occidental hacer algo así, hay muy pocos que lo hayan hecho.

Y de ahí paramos en Dreamland, que es un parque de atracciones que lleva más de 10 años abandonado y hemos sido los primeros tíos del mundo en pedalear con piñón fijo dentro del parque (de patín sí que hay vídeos pero de bici no). Entramos bajo riesgo de multa de 1.000 euros por cabeza, pero mereció la pena. Está totalmente dominado por la naturaleza.

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Y de ahí pasamos a las dos islas Sur, que parecía que iba a aparecer Son Goku, era todo súper escarpado, a nivel de pedaleo durísimo, había unos desniveles increíbles y en una distancia muy corta, igual en 15 kilómetros subías 800-1000metros de desnivel y las carreteras no son serpenteantes, van de frente, así que ibas llorando del esfuerzo.
Una de esas dos islas está petada de templos, así que es genial, tú vas por ahí pedaleando, todo petado de vegetación, que parece que va a salir King Kong y de pronto empiezan a sonar los gongs para la oración y te pega un subidón…
Y el momento más guapo fue bajarnos un puerto que eran como 16 km de bajada, con Face to Face de fondo, atardeciendo y viendo a tu gente pedaleando delante de ti. Con el desnivel era dificilísimo frenar, pero me daba igual, pensaba -si tengo que matarme, hoy es sin duda el día-.

La etapa final fue el Monte Aso, que hay que pillar el Ferry. Yo todas las noches, antes de dormir miraba una foto del Monte Aso, que es un volcán, y mientras preparábamos el viaje, hubo muchas dificultades, pero yo miraba la foto y pensaba -Jaime, solo por esto ya merece la pena-. Total que fuimos y unos días antes había habido un terremoto muy jodido, con bastantes muertos. Al principio no éramos conscientes de ello, lo veíamos desde lejos, pero la última noche, estar durmiendo a 35km del puto cráter echando humo… Fue la polla. No nos dejaron subir a la parte alta, llegamos a la cima pero no al cráter por riesgo de erupción. Estábamos en riesgo 2, y el 3 significa “evacuación de la isla”.
Cuando llegamos al pueblo flipamos, con camiones militares por la calle, mogollón de vías cortadas…para volver a Tokio tuvimos que pillar tramos de autobús y también tren…que fue muy gracioso porque nos hicimos un lío con los billetes y pillamos unos que no eran y tuvimos que ir haciéndonos los dormidos la mitad del camino para que no nos pillaran.
Al llegar a Tokio pasamos otros 3 días con los mensajeros, que ya eran colegas, y el último día moló mucho porque nos prepararon un karaoke, como en “Lost in translation”.

Todo esto así contado parece muy bonito, pero realmente tiene que ser durísimo y no solo a nivel físico, que también (como la vez que te tuvieron que hacer una infiltración en la rodilla), háblanos de la parte mental, ¿qué piensas durante todo ese tiempo, qué se siente? ¿qué es lo que te hace seguir?
Realmente nosotros no somos deportistas, eso hay que tenerlo muy claro, pero sí somos peña muy cabezona. La bici es como una metáfora de la vida, hay ocasiones en las que estas jodido, como cuando hicimos Madrid-Valencia con una ola de frío, de noche, pasando por Cuenca a -8grados y se rompió el pelotón, normalmente vamos muy pendientes los unos de los otros, pero hubo un momento en que ya no sabías ni por dónde ibas, tiritando, no veía a los demás y me sentí súper solo, pero la movida es, por un lado piensas -para llegar hasta aquí ¿qué he tenido que hacer? y esto es mi momento de disfrute, las reuniones con medios, explicar el viaje…eso es lo de menos, lo que importa es lo que estoy viviendo ahora y voy a intentar ver lo positivo de esto- Cada uno tendrá sus mantras, yo por ejemplo me pongo música, pero sobre todo es decir -es que no puedo quedarme aquí, tengo que seguir-.

Cuando Nacho tuvo la rotura de fibras yendo hacia Burdeos, en el tramo final, lloraba del dolor y tuvimos que ir empujandole para poder llegar a pillar el tren. Es eso. Sabes que no estas solo. Es un rollo muy de familia de verdad. Y lo mejor es que al final del día, cuando ya llegaste, te ríes de lo que pasó.
Y eso que nos ha pasado de todo en los viajes.

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Espera espera, tenemos curiosidad por lo de la infiltración de rodilla. ¿Qué paso?
Eso fue que en uno de los viajes tuve un dolor horrible de rodilla y no podía seguir. No podíamos avanzar hasta el pueblo siguiente porque estaba demasiado lejos así que nos tocó dar la vuelta para buscar el primer pueblo que tuviera centro de salud. Llegamos y me dice el médico -mira, tienes una sobrecarga bastante seria de los ligamentos, no puedes seguir pedaleando- y le digo -mira, tengo que llegar el viernes a Madrid, porque tengo entradas para ver a The Marked Men, es posible que no tenga otra oportunidad de verlos, así que no me queda otra, haz lo que tengas que hacer-. Y nada, me recetó mil pastillas, me vendaron…
Hice un tramo del viaje en autobús, descansé y luego seguí, y cuando estábamos llegando a Madrid prácticamente me tuvieron que meter a empujones porque ya no podía meter los pies en los pedales…claro, era un esguince de ligamentos pero del esfuerzo había degenerado.

Oye del viaje a Japón habrá un documental ¿no?
Sí, va a haber un documental, pero tardará en salir, calculamos que para finales de año.
La idea es presentarlo a nivel internacional, que estamos flipando. Estamos hablando con un par de festivales porque la idea es que se mueva en sus circuitos.
El 12 de julio estrenamos en Barcelona el primer trailer y luego se irán sacando cosas que tengan una narrativa diferente a modo de cortos.
El director es Aitor Walden, que tenía la tienda de fotos en Malasaña y además es productora.

¿Hay ya próximo proyecto en mente?
De momento nos estamos recuperando, pero el año que viene queremos hacer algo tocho, incluso más tocho que el de Japón, pero no sabemos todavía exactamente. La idea es que esto está aquí para quedarse.

 

 

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