CUMBRES RESACOSAS (NOTAS DE DROGA Y ALCOHOL) CAPÍTULO 7

CUMBRES RESACOSAS (NOTAS DE DROGA Y ALCOHOL) CAPÍTULO 7
Texto e Imagen: Johnny Toss

Capítulo 7

NO ME ROBES EL MECHERO

-¿Os importa si fumo crack?

Soledad nos miraba condescendientemente desde una cómoda silla de diseño mientras sonaba SpacerWoman.

– No, claro…cosas peores hemos visto…

Dije mientras me reía con una mueca dibujada en el rostro, en ese momento me giré hacia la derecha y mi mirada cruzó aquella cama de dos metros como si fuese el mismísimo trans-siberian por una estepa rusa, helada, blanca nuclear como aquellas sábanas recién planchadas, y chocaron de frente con los enormes ojos verdes de Esperanza. Volví a mirar al frente y Soledad había sacado un papel de plata tamaño din a4 doblado por la mitad totalmente oxidado y currado por la droga. Desenvolvió una especie de turulo de un material que no acerté a distinguir y propinó grandes bocanadas siguiendo una gota hirviendo por el calor proyectado en la base con un mechero rosa, aspiraba esas grandes bocanadas mientras perseguía esa gota como si fuesen los jodidos Tom y Jerry, unos viejos conocidos que se persiguen de una manera cariñosa.

– Tengo que dejar de fumar esta mierda.

Se escapó de su boca mientras que en una millonésima de segundo sus ojos se medio giraron, dejando ver simplemente una parte blanca a través de sus párpados entreabiertos.

– ¿Quieres?

Esperanza ni se lo pensó, yo traté de inventar una frase del tipo:

-No, gracias. Creo que no estoy preparado.

Me levanté, y con los pies descalzos sobre la moqueta color vino atravesé aquella lujosa buhardilla hasta una pequeña mesita de escritorio con la típica nota de WELCOME, encima de ella se podían advertir algunas mitades de pastillas de sabe dios qué y un gramo de MDMA. Cogí una mitad y a su vez hice dos mientras pensaba que nunca me ha gustado cuando alguien te recrimina de una manera altiva que las drogas no son la respuesta, como si las drogas fuesen una respuesta a algo. Quizás las drogas son la pregunta que muchos no se quieren hacer. Me comí ese cuarto y eché un par de rocas de eme en la punta de mi lengua mientras le pegaba un sorbo del oeste a una copa de ron, sentí aquél escalofrío recorriendo mi mandíbula, sacudí la cabeza y respiré con firmeza. Encendí un cigarro e intenté recuperar el equilibrio, todavía estaba cuerdo.

Cuando me di la vuelta para volver a divisar la cama al fondo de la habitación, Esperanza y Soledad se habían fundido en un beso y acababan de empezar otra fiesta a la que no estaba invitado. Me senté en la cama al calor de esos cuerpos enroscados debajo de una manta camel, como un animal doméstico que se pone debajo de la mesa por si cae algo. Fabriqué un canuto de hierba y me puse a pensar que si algo nos ha demostrado nuestra existencia es que las cosas pasan, y casi siempre de otra manera a la que te habías imaginado. Divagaba entre grandes bolas de humo sobre mi propia naturaleza, sobre mi propia estructura, sobre mi propia suerte…cuando de repente volví a la realidad para escuchar un:

– ¡Estás mojada!

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