Ángel K1000: pequeño criminal, gran pionero

Ángel K1000: pequeño criminal, gran pionero

Realizamos esta entrevista el 24 de marzo de 2019. Casualmente el 24 de marzo de 1989 se grabó “Pequeño Criminal”, el tema que K1000 grabaron para el album Rappin’ Madrid, uno de los primeros discos de rap en español y un clásico indiscutible e imprescindible de nuestra historia musical en general y del hip hop en España en particular. 30 años ya. 

¿Cómo entras en contacto con el mundo del hip hop?
Entré sin conocer, no sabía lo que era el hip hop ni nada. Vivía en Madrid, en la calle Alcalá. Había visto con 12 años o así un anuncio en la tele con gente bailando. A mí me gustaba mucho bailar en la calle sobre un sintasol y eso me dejó impactado. También me gustaba la pintura, de hecho estudié arte y me acuerdo de un chaval de mi clase que hacía letras pompa, de graffiti, ponía nuestro nombre con pompas, estilo CAP, y eso fue mi primer contacto con el graffiti y el breakdance, la música, el electrofunk y así me entusiasmé con todo eso, sobretodo con la música. Una de las cosas del hip hop que más me impresionaron fue escuchar un “scratch”, o más bien ver como lo hacían, oírlo ya lo había escuchado por Kurtis Blow en la radio y su tema “The Brakes” y no sabía ni cómo lo hacían. Yo ya flipaba con las guitarras, etc… Recuerdo ver de muy pequeño un concierto de Jimmy Hendrix que me enganchó. Así que ahí ya entré en ese mundo. Con 13 años nos fuimos a vivir a Móstoles, donde estudié en el Fausto Fraile que estaba al lado de la Plaza Nicaragua. Allí los chavales hacíamos que bailabamos break, aunque era nuestra versión de críos, no había tanta información como hay ahora. Yo vivía en la carretera de Fuenlabrada y estaba muy cerca del barrio de Miraflores, y paraba con gente que bailaba de verdad, tenían sintasol, y eso ya era la ostia, si tenías un sintasol eras el puto amo. Muchas veces nos apañábamos con cartones. Yo tuve un sintasol un montón de años, me lo llevaba al pueblo de vacaciones. Era todo nuevo, aunque es cierto que muchos pasos del break provienen de bailes de los años 30, 40, etc.. se adaptaron un montón de cosas, hasta artes marciales como la capoeira. Cuando eres joven piensas que estás creando algo totalmente nuevo y en cierto modo lo es pero también es cierto que con perspectiva ves que tampoco es así, que es el último eslabón de una cadena de muchas otras cosas que se han creado antes. Para mí el hip hop es algo muy unido a los negros y su sufrimiento, también a los latinos, los portorriqueños, por ejemplo, igual que el flamenco en mi opinión va unido a los gitanos, si quieres dedicarte a estas cosas sin ser negro o gitano tienes que mamarlo desde muy pequeño y desde una “fuente” que lo sea. 

¿Con quién te juntabas en esos primeros años, por dónde os moviais?
En Móstoles empecé bailando en Miraflores y los fines de semana me bajaba a Plaza Nicaragua a ver a los Rolling Disco que luego fueron Rock Force, Madrid City Breakers; eran mayores que nosotros, dos o tres años, para mí eran los Harlem Globetrotters del break, como si fueran americanos. Yo seguía teniendo mis amistades en Madrid, en Ciudad Lineal y allí había críos pijos bailando y tal, pero esto era otra cosa, ver al Chuso, al Lolo, al Fran. Veías al Chilly con el poppin’ que tenía, y ahí empezamos. Yo empecé una banda de break con mi vecino, Juan Zacarías y su primo Sergio, y empezamos a montar nuestro propio grupillo de breakdance. Y como no sabía bailar muy bien, era pequeño, no sabía hacer voladas y tal, los del grupo me dijeron “como no se te da muy bien esto tienes que hacer música break” (porque nosotros no sabíamos cómo se llamaba la música, no sabíamos lo que era el electro-funk, era música break). Yo no soy músico ni sé pintar ni nada pero me gusta el arte, la pintura, la música, etc.. Esa fusión que se estaba produciendo con el hip hop… el rock digamos que ya llevaba mucho tiempo evolucionando en mil estilos; a mí me gustaba todo el punk español: La Polla, Kortatu, todo eso que escuchaba en Radio Cadena del Váter de Canillejas. Fuimos punks antes del hip hop. Una prima mía se casó con el guitarra de Andanada 7, en aquella época eran la ostia. Y en esa época empieza la peña a hacer cosas con samplers, que es algo que existe desde hace mucho, pregúntale a Herbie Hancock y su “Rockit” todo lo que se puede hacer con un sampler, un tío que estaba encerrado en el jazz y de repente coge de todo lo que tiene alrededor y se saca ese tema, la que lió. Hubo una explosión, Run DMC sacaron “Walk this way” con Aerosmith, joder, hace nada estábamos pegandonos con los jevis y ahora hacemos música con ellos; fue como salir de esa dictadura musical de estilos, 5 líneas de un pentagrama son para todos igual, hagamos música, fue magnífico, y todo lo que escuchas la radio es resultado de eso, esas mezclas que existen hoy provienen del hip hop, electrofunk, etc…de Afrikaa Bambataa y toda esta gente.

Es cierto, hay un montón de Kraftwerk en Afrikaa Bambataa por ejemplo. Eran muy fan de los alemanes, viajaron a Alemania y les influenciaron mucho y cuando volvieron a Estados Unidos con esas ideas los ejecutivos de la discográfica fliparon, era rock por computadora.
Claro y Sigue Sigue Sputnik que eran increíbles, cómo usaban los samplers para modular. Porque esa es otra, la tecnología. Al principio las cajas de ritmos eran muy primitivas, necesitabas todo un chip para cada cosa, el bombo, un chip, un plato, un chip, etc, con la latencia que tenían, aunque se fue corrigiendo rápido porque la tecnología ha evolucionado muy rápido.

B-Boy y B-Girl por Miguel Trillo

¿Cómo empiezas a rapear, cómo se convierten esos primeros pasos en un disco de verdad?
Todo fue un cóctel de suerte, pasión, estar en sitio oportuno y en el lugar adecuado y darte cuenta y aprovechar la situación, que es lo que hice. De pequeño era muy extrovertido, más que ahora. Como no bailaba y me dijeron que tenía que cantar cogí una canción de Grand Master Flash y la hice en spanglish; no sabía inglés ni nada y escribí una letra con lo que yo creía que decía en inglés que lógicamente no tenía nada que ver con lo que escribí. Me llevé el cassette al parque y canté eso mientras mis colegas bailaban, y la gente flipó. Me decían, “tío, está en español”, y yo decía “claro, es que no sé hablar inglés, quiero estar en el grupo pero no puedo hacer break en inglés”. Les moló mucho a todos, y ahí me aceptaron. Me hice colega de gente en Móstoles “poco recomendable” como el Orlando y otros, que al principio fumaban heroína y luego se pincharon, y muchos murieron. Había muchos que bailaban muy bien break y cantaban flamenco pero les perdió la droga y el robar, robaban a todo el mundo, a su familia y sus amigos. Con ellos aprendimos mucho break y flamenco, muchos eran delincuentes pero nos llevábamos bien con ellos. Yo como era un crío, les hacía gracia, me llamaban Calculín, me enseñaban a hacer calambres y de todo. El rap me ayudó a sacar mucha rabia. Cuando hice “Pequeño Criminal” éramos críos, pero queríamos defendernos, queríamos pistolas para defendernos de los malos. ¿Quiénes eran los malos? yo que sé, el que tenía el botón nuclear… a saber lo que pensábamos entonces. Ese era el sentido de la canción, somos críos pintando paredes pero cuidado. Para hacer hip hop pienso que hay que ser negro o haber vivido mucho la calle. Por suerte mis padres me lo dieron todo, mi padre era una persona muy trabajadora y gracias a eso no nos faltó de nada, pero a mucha gente que he conocido en este movimiento sí les ha faltado mucho, empezando por los padres. Yo aprendí mucho de ver gente muriendo por la heroína y muchas otras cosas. 

En cuanto a hacer música, en aquel entonces era muy difícil, hacía falta un cuaderno, un lapicero y mucha mala ostia. Y luego tuve la suerte de tener una caja de ritmos, que era la ostia. Porque antes para hacer música no teníamos sampler, en las cintas de cassette, si había una canción con un ritmo que me gustaba la grababa, y luego ese trozo lo grababa 40 veces en otra cinta. Eso lo cortaba y lo pegaba con cinta adhesiva; era un loop con una cinta de cassette. Esas eran las herramientas, y ahora en el IPad tienes mil aplicaciones para hacer música que parece profesional. Entonces casi nadie tenía un Technics para hacer scratch, íbamos con una de esas maletas con una pletina y dos altavoces, con eso hacíamos scratch. 

Más tarde, con 16 o así, me gustaba mucho la radio y quería poner música en la radio, que la gente escuchara hip hop. Al lado de mi casa está el Caleidoscopio, un centro cultural. Por entonces pude estar unos años haciendo un programa de radio y allí iba poniendo música que recopilaba de otras emisoras como Radio Cadena del Váter; además ya tenía allí dos platos y algunos colegas venían a practicar la técnica para ser DJ de hip hop.
Sobre las canciones, yo tenía muchas canciones, pero justo un día que estaba cantando  “Pequeño Criminal” con un tío que estaba haciendo beatbox en la calle, me escuchó un periodista que se llama Pascual Cervera, y me dice “joder, eso es lo que hacen los negros, pero tú lo haces en español”, y le dije, “es que soy negro” (risas). Y me comentó que tenía la idea de hacer una serie documental en televisión sobre culturas urbanas, yo le respondí que yo era del hip hop, que de eso le podía hablar, que tenía contactos y tal. Este tipo tenía un cargo importante en TVE y se curró la serie. Me llamó y me dijo que la estaban haciendo, que se llamaba “Crónicas Urbanas”, y que iba a salir en un capítulo. Se llamó “Mi firma en la pared” (se me ocurrió a mí). Me dijo que quería la canción de Pequeño Criminal y yo le dije que muy bien, pero que tenía que ser conmigo cantandola, que no se la iba a vender. Y ahí aparecimos Miguel Gento, el Chili y yo  que en esa época hacíamos maquetas juntos, y al final salió y también la canción. Fue una aventura cuando fuimos a grabar a la Casa de la Radio. Éramos unos críos; yo me llevé una pistola de plástico y pensaron que era de verdad… Hubo que hacer algunos cambios en la letra porque BMG Ariola nos dijo que ciertas cosas no las podíamos decir. Hicimos algunos de esos cambios porque éramos niños entonces. Lo pasamos muy bien con el Rappin Madrid. También mal a veces, tuvimos una cierta popularidad en ese momento.

Sobre Rappin Madrid, ¿cómo se gestó ese disco?, ¿quién eligió las bandas que aparecieron?
Mucho antes de que se hiciera el disco, hubo un periodista, Miguel Trillo, hermano del ex Ministro del PP, que era el “rebelde” de una familia de pasta. Se acercó a  nosotros en Nuevos Ministerios, nos comentó que buscaba graffitis para hacer fotos y me lo llevé a un gueto que había donde el Museo de Ciencias (ndr: el mítico “Terreno”) y el tío flipó. Me lo llevé también a Móstoles a hacer fotos, me vio cantar en el Gus Gus (ndr: garito icónico del principio del hip hop en Móstoles, donde se pinchaba hip hop, electro y se bailaba break), conoció a mis colegas y gracias a él empezó a cocerse todo eso. Tenía conexión con Pascual Cervera y al poco tiempo de todo esto me llamó Sweet y me dijo que nos querían grabar para un disco, una multi, y que había sido por Miguel Trillo. Aparecimos nosotros, Sweet y Randi y estoy seguro de que los otros también: Sindicato del Crimen, Vial Rap, etc…fue nuestro padrino. 

¿Qué recuerdas de la grabación?
Recuerdo que dimos bastantes conciertos en España para promocionar. No nos daban pasta pero nos pagaban todo, alojamiento, y demás. Barcelona fue un puntazo, íbamos un montón de gente, no solo los artistas, gente del equipo, managers, técnicos, de todo. Renfe hacía el agosto con nosotros, y también flipaban. En Barcelona volaron colchones por las ventanas del hotel. 

Respecto al concierto, actuaba Tone Loc, un tipo muy majo, en Studio 54 de BCN, y bueno, era un poco para flipar Rappin Madrid en Barcelona, nos van a matar (risas). Fue un concierto caliente, al lado del barrio Chino. En el camerino los colegas de BZN nos decían que tuviéramos cuidado, que la peña venía caliente porque éramos de Madrid, que cantasemos en castellano, etc. Cuando salió el MC a presentar Rappin Madrid el público cabreadísimo, la sala hasta arriba de gente del hip hop, con mucha mala leche. Y salieron Jungle Kings entre pitos, y BZN salieron al escenario a decir que por favor se apoyara a los hermanos de Madrid, y bueno, con Jungle Kings bien en general. Y luego salió la Sweet (que la pusieron a caldo) Vial Rap (que les tiraron de todo) y después íbamos nosotros. Así que preguntamos cómo se decía “buenas noches” en catalán, nos dijeron “bona nit”, y así salimos. Nos presentaron BZN, se encendió un foco que me daba solo a mi, y nos insultaban, nosotros quietos, y dije “Bona nit, Barcelona” y la gente de repente en silencio, y en un momento se hizo el ruido, y dijimos que eso iba para peña que le iba el graffiti, y la gente se volvió loca y se volcó con nosotros, fue una cosa muy bonita. La liamos en el camerino después a birras y de todo. Young MC nos felicitó también. Fuera de la sala hubo movida, y nosotros nos fuimos al hotel a seguir la fiesta. 

Sweet

¿Qué influencia crees que ha tenido ese disco en lo que ha venido después, el rap en español?
Creo que tuvo su influencia pero no solo ese disco porque antes ya estuvo Madrid Hip Hop. Creo que ha ayudado a muchos chavales a realizar sueños, muchos chicos vivían en el “no future”, y veníamos del punk, de la calle, de ver gente en la heroína, el paro, etc…y creo que esto les/nos dio algo.
Por mi parte intenté ayudar o dedicarlo a la gente del graffiti, intenté hacer un graffiti con mi letra. Si que ha habido gente que me ha dicho que había escuchado Rappin Madrid y les hizo querer hacer eso también, pensar que ellos también podían. Además supuso mucho dinero para gente que no hacía rap (para nosotros casi nada) se vendieron 90.000 copias más o menos y yo pude ver un millón de pesetas, quizá. De hecho gané más con royalties que en ese tiempo. El maxi-single del Hey Pijo es el maxi más vendido de la historia en España, fue una operación de marketing que hubiera salido mejor si hubiéramos sido menos críos y más tranquilos.

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